Otoño 2008
Todo comenzó en un sueño.
(Lo digo y suena tan poco creíble, ¿cierto?, pero es que es tan difícil de explicar algo para lo cual no tenemos una razón, ni un motivo, ni un objetivo. Y que sólo podemos explicar como un impulso, un salto con los ojos cerrados, un arrebato. Sí, OK, una estupidez.)
Lo primero que nos pasó fue que nos soñamos. Ambos estábamos de caza. Queríamos una presa, aunque no cualquier ejemplar. Obviamente, queríamos un ejemplar especial.
(Ahora que lo pienso, cada vez entendemos menos lo que es ser especial. Es un término tan usado y manoseado y sub-utilizado y repetido y malinterpretado, que ya no tiene fuerza. ¿Qué es ser especial? A estas alturas creo que los seres especiales sólo aparecen en los sueños, por eso no fue raro que nos encontráramos en un lugar inventado y pintado de nuestros propios colores, en un lugar donde sólo estábamos los dos, diciéndonos palabras de fondo y no de forma. Los tiempos en los sueños son breves y al mismo tiempo extensos, ya que nos acompañan todo el tiempo que queramos o que no queramos).
En el sueño que nos conocimos estábamos en una habitación alba, luminosa y con un cuadro colgado en el muro opuesto al ventanal. La cara del cuadro era hombre y luego mujer y luego hombre y luego mujer… era una secuencia similar a nuestro observarnos. Y eso fue lo que principalmente hicimos en ese primer sueño compartido: mirarnos, intentando leernos los ojos y la boca. (Leer más)
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