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Lost in Therapy - The End

Enviado por MPdeCM el 15/04/2008 a las 22:13
MPdeCM
LOST IN THERAPY - PRIMER MOVIMIENTO

JOHANSSON

Otoño 2008

SEGUNDO MOVIMIENTO

Esa tarde rara y dolorosa, concluyó con que al terminar su café, J. me tomó de la mano, aunque sin mirarme. Me sentí cautivada, pero tampoco lo miré. Su mano era suave. Era la primera vez que nos tocábamos las manos. Y recordé a la Johansson cuando en la mitad de Tokio, sus ojos están colgando desde la ventana de un piso muy alto de un hotel muy caro, sin tener dónde posarse. Como nuestras manos hacían todo, la verdad es que no teníamos dónde dejar nuestros ojos. Me sonreí: sin siquiera mirarnos, y tantas cosas nos estaban pasando. Sin soltarme, pidió la cuenta y como soy chora y moderna, saqué mi billetera, pero sus ojos se incrustaron en mí… me detuve.

Nos pusimos de pié, corrió mi silla, tomó los libros, la otra mano se la pasó por el pelo y yo corté el momento: “así estás bien, te ves bien”, le dije como una tonta que habla porque se muere de ansiedad, porque quiere provocar una reacción, porque no controla la situación. No dijo nada y comenzó a caminar. No sabía si seguirlo o no. Y no lo hice. No nos volvimos a encontrar hasta un par de años después. Fue en su consulta. Yo estaba pagando por su tiempo. Me saludó cálido, tenue y sin estridencias, como es él. Yo andaba de coqueta y de vivaracha por la vida: enfundada en ropa ceñida (he olvidado un detalle: en el proceso me despojé de todo lo demás que tuvo mi cuerpo alguna vez), piernas descubiertas, mirada pícara. Y ahí estábamos. Lo miraba sin claudicar: quería que mis ojos lo incomodaran, que no pudiera ignorar todo lo que había que decir… pero en realidad lo único que quería era grabarme sus facciones, sus ojos. Anyway. Fue muy “pro” (hasta tomó algunas notas) mantuvo el tono adecuado, prodigó las miradas justas y neutras y no me dio ninguna sonrisa. Y aunque podía sentir que él quería conversar y yo también, sólo nos limitamos a hablar de reacciones, síntomas, historias.

Cuando salí tenía ganas de gritar. Pero no al aire: quería gritarle: ¿es que acaso no me ves, no te das cuenta, no te llego? Yo quiero y sé que tú también, pero te atrincheras detrás de tu vocabulario versado, de tus anteojos, de tu escritorio, de tus textos, de tus calendarios de laboratorio farmacéutico, de tu ventanal… no voy a seguir enumerando tus escondites: el médico los tiene todos, el paciente sólo tiene su lengua y su mente para esconder las miserias, los dolores, los hallazgos, las adjudicaciones que debe asumir. El terapeuta tiene cosas tangibles a que echar mano, mientras que el paciente debe conformarse con la maraña abstracta de sus torceduras, de sus quiebres, de sus renuncios, de sus contradicciones…

Ya en la calle y a pesar de no querer, soy violentada por los recuerdos de aquella última vez, y termino en la misma mesa del mismo café. Me rechazó. Podría aullar: join the club! Sí, son tantos los que me han rechazado, me han dejado pasar; el terapeuta actual dice, “has incomodado”. Es duro asumir que uno incomoda al resto, particularmente si ese resto son personas con las que uno quiere estar. Estaba en eso (intelectualizando, para variar) cuando sonó mi celular: “¿Sra. M?; Sí; La comunico con el Dr. J.R.”

- Fue raro verte.

- ¿Para eso me llamas?

- No sé por qué te llamo. Pero lo hago, ¿es lo que quieres, no?

- ¿Y tú no quieres?

Silencio. Corte. Suspiro enmudecido por el miedo a decir lo que una vez dicho no se puede recoger, ni negar.

- No sé por qué vine, es decir, después de todo este tiempo, después de nuestro último café.

- Es extraño hablar de algo como nuestro, ¿no crees? Los libros, eso sí, ellos eran lo nuestro. Nunca debimos haberlos abandonado.

- ¿Para esto me llamas?

- Para, déjate de desafiarme… ¿qué quieres escuchar? Sí, M., sí, yo también tengo ganas.

- Pero como todos, me rechazas.

- Sí.

- ¿… sí…?- la voz me brota como una gotera a punto de secarse.

- Sí, porque te equivocas y te confundes y confundes al resto y entonces uno se asusta. Tú me asustas.

 

 

“Tú me asustas”. Lo habría mandado a pintar y lo habría enmarcado para no olvidar esta declaración que me deja hundida. Porque claro, ¿alguien tiene conciencia del miedo que tengo de salir al mundo todos los días? ¿Del miedo que me da cuando quiero que me miren y nadie me mira? ¿Del pavor que siento cuando me abro y me empaquetan de nuevo porque “incomodo”? ¿De la sensación de vacío que me llena cuando hablo y no sé si a alguien le va a interesar o si al menos me van a escuchar? Come on, give me a break: ¿quién asusta a quién? Pero sólo basta cerrar mis ojos para escucharlos a todos, al unísono gritar: TU! Y me pongo chica, muy chica, incapaz de responder nada, ni de defenderme, ni de explicar. Soy incómoda y doy miedo.

- ¿Y por qué te asusto?

- Porque te atreves, porque no te das por vencida, porque no esperas, porque eres bella…- cuando dijo esto último casi se me cae el celular… era lo que nunca pensé escuchar de nadie que no fuera mi marido. Y él lo dijo casi tembloroso. Y recordé ese beso raro que se dan al final Murray y la Johansson en Lost in Translation y pensé debe ser la forma que todos buscamos para hacer-decir-creer-negar sin hacer-ni decir-ni creer-ni negar.

Bella. Un beso. Y The End.

 

 

Epílogo

Nunca más nos conectamos. Aunque de alguna forma extraña -Bella. Un beso. Y The End- nos tocamos en los recuerdos, en las cubiertas de los libros que seguro curioseamos en distintas librerías, en las veces que nos sentimos perdidos, o cuando quisimos comentar cine o traducir las motivaciones de algún personaje literario, o cuando paso por fuera del edificio de su consulta y miro la ventana o cuando él va al centro comercial donde estaba nuestra librería. Si pudiéramos hacer una película se llamaría Lost in the Translation of Books… porque nos quedamos eternamente perdidos, inalcanzable el uno para el otro y sin embargo tan próximos en las sensaciones no-vividas y no-compartidas pero sí-imaginadas. Muy-imaginadas. Y por lo mismo, añoradas.

Lost in the Translation of Books

Enviado por el 15/04/2008 a las 23:43
Leer y Escribir

No imaginé una película, pero si un corto. Tiene muchas imágenes, esta muy bueno Macarena!

Un beso grande!

Euge 


Se agradece

Enviado por el 16/04/2008 a las 1:30
MPdeCM

Como siempre, te agradezco el estímulo y el espacio.

Un abrazo,
M.










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