Nadie

WHATEVER

 

Primavera 2008

Me cuentan que ya se produjo el encuentro, ése que debió haber sido, o nuestro o mío o tuyo, pero nunca de ella.  Pero, me insisten, está con ella.

 

Camino desorientada.  Sé dónde están, donde estás con esa que no soy yo y que debería ser yo.  Tengo toda la información, sólo es cosa de decidirme a ir. 

 

¿Qué harías, si de pronto un timbrazo te sacara de tu estado de bobo caliente, y tuvieras que abrir la puerta y encontrarte conmigo, con mis ojos, con mi rabia, con mi pena, con mi cuenta pendiente?  ¿Qué harías?

Sigo perdida, sin entender cómo de una frase a otra me transformé en nadie y ella en todo.  Es una ladrona, no me importa decirlo así, aunque suene cursi o chulo o a título de canción de radio AM, no, no me importa decirle así:  ladrona.

 

Lo sé:  eres bella, obediente, más bien silenciosa y poco preguntona.  Tus exigencias son atendibles y tu discurso no genera sobresaltos.  Tus ojos, tus manos, tus pies, tus pezones, tu piel, tu sonrisa, tu olor… todo es perfecto para él.  Yo ya no soy para él:  sólo soy nadie para él.

 

Las bocas que me quieren contar y dar detalles no me dan respiro.  Quiero que se callen, que me olviden, igual a como tú me borraste.  Supongo que son las ganas de verme humillada las que hacen que todos quieran mantenerme informada de la infamia que compartes con ella en vez de conmigo.

 

Sé que sabes que no me habría importado tener que cargar con el letrero de infame, maldita, mentirosa o traidora.  Sí, lo sabes, sabes muy bien que lo habría hecho con gusto por ti.  Pero eso no se lo contaste, no le dijiste de lo que yo habría sido capaz de hacer y de no hacer.

 

Me echo a andar, con apuro, sin pensar.  Sólo el taconeo va marcando los segundos que nos separan.

 

Ya nadie me sigue; ahora me miran con distancia y comentan, está mal, pobrecita, nunca se lo imaginó.  No, nunca me lo imaginé.  ¿Sabes por qué?  Porque te creí todo:  sí, igual de simplona y predecible y engrupible que ella, te lo compré todo.  Hasta lo más barato, lo más burdo, lo más inconcebible, lo acepté agradecida y lo hice propio.

 

Quizás me llené de un tú que mi espíritu anhelante inventó, pero que en realidad no existe.  Mi piel tiene las huellas de haber creído y haberse equivocado.  Mi alma tiene las marcas que dejan las desilusiones y los engaños.  Mi sexo tiene el arrepentimiento de no haberse atrevido a ser mucho y más, si no que tan sólo lo adecuado.  Pero de todo mi ser, lejos, la más destrozada es mi mente:  fabuló y se ensoñó contigo, juntas construimos instantes, mensajes, recuerdos, frases, imágenes, situaciones, qué sé yo, tanto y todo y poco y nada.  Por eso hoy la insulto:  fuiste tú maldita mente afiebrada y siniestra la que, cómplice con él y quizás también con ella, complotaste en mi contra, llenándome la cabeza de aire y vacío, como si todo lo imaginado hubiera sido una pompa de jabón a la cual le quitaron el aire y las ganas y la fuerza de seguir recorriendo mis neuronas desconcertadas.

 

Sigo caminando, mi rostro se humedece de rabia, de impotencia, de gritos suprimidos, de miradas furiosas, de sentirse encogido.  Mi mano palmotea la humedad, no quiero dejarme vencer.  Ya son demasiados los que han derrotado a mi ser de amor, de ansiedad, de sueños, de fantasías. 

 

Me detengo, tentada por volver mis ojos al punto de partida, pero no lo hago porque sé que el retorno no es posible, que la decisión está tomada y que cuando le pregunten a ella quién tocó el timbre, sólo podrá responder, no lo sé, nadie.

 

Entonces me sonreiré y atrincherada detrás de la puerta que nos cobijaría por primera vez, tan sólo musitaré, claro, sólo vio a nadie.

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