Estreñimiento mental

lapiroto.jpg

 

Quien no se ha sentido así alguna vez? Te has sentido vacío alguna vez? No sabes cómo empezar? O peor aún, la idea estaba ahí pero de pronto se fue? Reflexiones e ideas al azar, escritas a mano alzada antes que se desvanezcan es lo que presenta nuestro nuevo colaborador Jaime Vives Yañez.

Por Jaime Vives Yañez

Me siento frente a la pantalla del computador, con un profundo malestar y no sé qué hacer con él. Una desazón equivalente, supongo, a la temible página en blanco, prefiero el papel y el lápiz cuando nos enfrentábamos a la pelea diaria de ubicarse en el lugar y momento perfecto del día, para encontrar ese instante de tranquilidad o de inspiración, porque era imperioso y pasional garabatear esa página, con poemas o relatos, sin saber qué futuro tendrían, porque estábamos ejerciendo el derecho de hacer públicos nuestros fantasmas y temores. Esa angustia "de página en blanco", además de invitarnos a compartir obsesiones, nos permitía enfrentar un mecanismo de poder, que intentaba apagarnos, día a día, o empequeñecernos hasta las últimas consecuencias o bien, reducirnos a la mínima expresión, como Alicia en el país de la maravillas o de la pesadillas como escribió en un poema Enrique Lihn.

Cuando esos fantasmas y miedos se plasman en un poema o en un cuento, lo compartimos en la lectura de turno, en el taller literario con nuestros pares y con esos poetas "mayores", que también padecían las mismas angustias y caían en esos mismos agujeros negros.

Entonces creo que cada uno carga con su Kafka o su Maldelstam personal. Y cuando había que darles su lugar a través de la literatura, lo hacíamos tras las barricadas de la imaginación o en ese tiempo, quizás campo abierto que llamamos un tanto impunemente "Realidad".

Donde quedo ese tiempo, en donde los concursos literarios eran modestos y se realizaban en instancias alternativas, como en esta revista o "La Bicicleta" de mi Chile querido o de Argentina "Letras Abiertas" y otras acciones paralelas. Así, cuando los poetas entran en un franco conflictos con sus pares, los motivos tenían que ver con la estética, la ética, la forma de enfrentar el tiempo que nos toco con su carga creativa y ciudadana. Y cuando no había más que decir, se volvía a lo que realmente contaba: crear, intentar mover esa compleja maquinaria. No es nostalgia ni angustia lo que siento a pesar de mis cortos veintimuchos años, me es costoso escribir sin estar presionado por algo o alguien (sin nadie en particular) ¿Cuando y Donde se fue ese espíritu amateur? ¿Dónde se murió mi inocente letra? ¿Dónde se fue la infantil poesía?

En estos días, en cambio, el ámbito literario se ha transformado en una nueva modalidad de vivir, de ver, de sentir, situarse en la literatura, donde pareciera que la creación, hubiese pasado a tercer, cuarto y último lugar. Considerando que la literatura está hecha de palabras alineadas u ordenadas escritas en versos, cualquiera que sepa leer no solo se arroga el derecho de opinar, sino también de escribir. Sociólogos, políticos, artistas plásticos, agentes culturales, periodistas y ex-personeros se han ordenado "críticos literarios" y peor aún, se invisten como canonizadores tipo Harold Bloom, que quieren sellar los destinos de la literatura latinoamericana con sus últimas y poco pertinentes palabras. Ya que nadie sabe desde donde habla, desde donde surgen las competencias para dilucidar un tema tan sensible como la literatura, y, sobre todo, una literatura en una sociedad mercantilista y deshumanizada como de este periodo globalizado.

Y los poetas-periodistas, además de los periodistas narradores, amalgamados en un circulo descentrado, pero poderoso por su fácil acceso a los medios, han creados y entronizado esa nueva tendencia llamada la "opinologia". Donde el opinologo es una suerte de Roland Barthes que habla de lo que se le da la gana, pero sin la penetrante lucidez del semiólogo francés, lo cual igual es saludable, pero en un café o en mi cercano Parque Forestal de Santiago de Chile: lugares donde se puede hacer" Patafísica" (gracias don Julio Cortázar por traernos tan gran palabra) sin malgastar páginas de diarios, ni inmiscuirse en asuntos que deberían traerse con mayor competencia, y evitar, de una vez. Esos diálogos sobre un tema que nace ya agotado por la arbitrariedad con que se confronta, y, lo que es peor, por intelectuales que en sus respectivas áreas suelen ser hasta notables. Pero los Barthes criollos, rara vez dan en el blanco y lo que es peor, algunos recién llegados de alguna universidad europea, tratando de volver a la cordura a la saludable locura de Don Quijote de La Mancha, esa locura metafórica de no vivir en la plena realidad, la pelea diaria con los molinos de viento a la que me refería al inicio de esta: el derecho de compartir nuestras obsesiones y deseos a través de la palabras escrita, tal vez sin marcar grandes hitos, pero manteniendo una dignidad propia del trabajo sostenido y por qué no de la inspiración o el mandato de la misma vida de las letras.

 

|

Comentarios

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar
Web Site Hit Counters
HTML Hit Counters