Te miro y concluyo:siempre te he visto igual:imperfecto, despreciable, inadecuado, no-admirable.Una burla.Desde el año uno hasta el año de ahora, un desperdicio.
Sólo logro disfrutarte a oscuras, pensando que no eres quien se deleita, si no que es mi piel, mi sangre, mis latidos, mis membranas, mis ganas.
Ahora, frente al espejo compruebo que no hay nada nuevo:todo sigue igual de mal, igual de feo, igual de ignorable, igual de inútil, igual de extraviado, igual de abandonado. (Leer más)
Y me lo dice así, a la vena y sin anestesia.Pero para qué quiero más anestesia, si entre el Alprozalam y el Altruline ando como operada del mate.Tanto tener que explicar, tanto teléfono sonando, pidiendo detalles:
-¿Pero qué pasó, te puso el gorro?
-No.
-Pero es que entonces no entiendo, Nika son 18 años, 18 años de matrimonio, para qué botarlo ahora, tienes 47… o sea…
-O sea nada.No terminé mi matrimonio para salir de cacería.(Leer más)
Martín se dirigió a la sala de estar y sin soltar su vaso, se acercó a la ventana empañada por el frío de la noche invernal:y entonces la vio, trepando al taxi como si de ello pendiera su vida.
Fernanda se subió al taxi sobre la marcha.Le indicó al chofer el nombre de las calles, con la rapidez que usan los niños para recitar un trabalenguas.Y así, a empujones, le continuó dando instrucciones al taxista durante el recorrido que hicieron a la casa de la otra mujer. (Leer más)
Esa tarde rara y dolorosa, concluyó con que al terminar su café, J. me tomó de la mano, aunque sin mirarme.Me sentí cautivada, pero tampoco lo miré.Su mano era suave.Era la primera vez que nos tocábamos las manos.Y recordé a la Johansson cuando en la mitad de Tokio, sus ojos están colgando desde la ventana de un piso muy alto de un hotel muy caro, sin tener dónde posarse.Como nuestras manos hacían todo, la verdad es que no teníamos dónde dejar nuestros ojos.Me sonreí:sin siquieramirarnos, y tantas cosas nos estaban pasando.Sin soltarme, pidió la cuenta y como soy chora y moderna, saqué mi billetera, pero sus ojos se incrustaron en mí… me detuve. (Leer más)
Y ella sabe.Con la blusa ceñida, bien ceñida, y la falda amplia, pero corta, bien corta, sabe que la miran.Y le gusta. Y por eso agita la tela frágil de su falda, ondulando el aire.Al ingresar se detiene un instante, se saca sus anteojos y revisa el lugar.Quiere la mejor mesa, la más expuesta.Cuando su radar da con el lugar perfecto se vuelve a poner los lentes para desplazarse, encrespando todo a su pasar.Se sienta, cruza las piernas desvestidas, su mano derecha se distrae con su melena y la izquierda juega con la traba de una de sus sandalias.Apoya su espalda, deja la cartera en la otra silla y sus ojos avisan que está lista para ser atendida.El mesero le sonríe, le ofrece y espera.Ella pide un café y galletas.¿Algo más?, quiere saber el dependiente; ella le sonríe y le informa:Viene otra persona?
Nunca se vuelve a amar como uno ama al primer amor.Así lo dijo.Y antes que lo agregara, le lancé:tú eres mi primer amor, pero yo no soy el tuyo, ¿es eso, verdad?Y al decirlo, la espada cayó en mi cabeza, pero sólo la sentí cuando descendía por mi espalda.
Dejé de mirarla. Quería matarla.Sí, sí, no me mires con esa cara:yo quería matar a mi primer amor.Retorcerle el cuello.Escupirla.Sin embargo, ni siquiera era capaz de mirarla.No podía:al intentarlo pude sentir como mis ojos se anegaban de pena.Y ese espectáculo no se lo iba a dar.
Estábamos en la calle.Me alejé, dándole la espalda.Sus pasos me acechaban; hablaba, pero no podía entenderla:así como mis ojos no la podían recibir, mis oídos se hicieron sordos a sus palabras. (Leer más)
Señora,¿En qué anda que no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor?? Ahí, quizás justo en la puerta de al lado o la del frente o en el primer piso? El (SU hombre, señora,el que lleva casado con usted más de 30 años, con el que tiene varios hijos) se pasa instalado horas frente a la pantalla, acompañado por una amplia variedad de notas musicales que entran y salen en español, francés o inglés y el tecleo intermitente (a veces muy acelerado, otras veces lacónico, pero igual palabras, muchas palabras que quieren ser miel en los ojos de tantas que las leen y sueñan, señora, sueñan con él, con SU hombre) y usted, usted que pasa por afuera y ni mira y entonces no ve todas las féminas que él elige con paciencia y ansiedad para decorar sus escritos y servir de marco a su selección musical?
La primera vez que leí esta declaración* no la entendí, y como la generalidad de la gente, pensé que era otra de tus excentricidades; otra de las cosas que te ponían en la vereda del frente de lo que la mayoría llama ?normalidad?.Después de leerte cientos de veces ?tanto tu obra como tu vida- y de vivenciar personalmente esta dualidad de la dicha y la desdicha, he logrado comprender que crear va casi siempre aparejado con ?el salirse de la norma?.Sin embargo, en mis diferentes terapias, una y otra vez repito el no querer ir de ?rara? por la vida.¿Por qué?Porque si buscamos sinónimos encontramos palabras como:anómala, ilógica, incongruente, extravagante, caprichosa, ida, extraña, difícil, inexplicable? ring a bell?La última vez que lo dije, me respondieron:¿por qué no aceptas que en vez de rara? eres especial?Y repetí el ejercicio de los sinónimos:personal, inconfundible, original, única, asombrosa, individual? ring a bell?Sí, María Luisa las dos entendemos:el lado A y el lado B, ambos adentro del mismo cuerpo, la misma mente, la misma alma, la misma dicha y la misma desdicha.
Anoche volví a soñar contigo Marcial.Sólo estabas en el sueño, pero no pasaba nada.Secretamente esperaba que te comunicaras después de nuestro reencuentro, pero no lo hiciste.Igual que antes, te repites ahora con el silencio, el misterio.Quiero decirte (no:quiero gritarte) que eres un irresponsable, que me dejaste estampadas miles de ilusiones en mi corazón y mi mente y después no te hiciste cargo.Pero, no, no quiero decirte eso.Quiero que me busques, que me llames, que me escribas? algo? cualquier cosa.Joaquín está de viaje entonces tú te haces más real.Sólo mis niños me devuelven a mi cotidianeidad de la agenda, donde mi vida se reduce a números, ticks, cruces, signos de preguntas y frases sin conjunciones ni artículos. Después de todo lo que te he escrito supongo tendrás una leve intuición de cómo ha sido mi vida.Ordenada y planificada, como debe ser.Hoy me dio por mirar fotos y de repente me encuentro en una contigo, ambos con una gran sonrisa.Estoy vestida de novia y tú muy ad-hoc, de terno y corbata.No me acordaba que hubieras ido a mi matrimonio.Pero ahí estamos los dos.Me he quedado mirando la foto largo rato y no puedo revivir el momento.Tan sólo un leve rictus de mis labios me informa que a pesar de mi sonrisa amplia, estoy tensa.Tú no, tú te ves sinceramente relajado.Tú y yo, juntos y preparados para ir al altar, ¿qué loco, cierto?
Dedicada a todos LOS Penélopes y LAS Ulises del siglo XXI
Marzo 2004
Sentada frente al siquiatra sólo logro articular dos palabras:tengo pena.Así pretendo resumir tantas semanas de angustia, llanto, inquietud, miedo.El hombre me mira, esperando a que yo continúe pero no sé qué más decirle.Bajo la cabeza, buscando palabras que no puedo encontrar.Comienzo a lagrimear.
La pena no es la habitual.Se le hace muy difícil atribuírsela a algo en particular.Se llama Eloísa Arteaga, tiene 33 años y no sabe por qué dejó de sonreír.Está triste.Abatida.
La primera vez que se pone a llorar está en el supermercado, arrastrando un carro por el pasillo del aceite y el arroz.Se pasa apurada la mano por la cara, manoteando las lágrimas con imprecisión.Por uno de los extremos del pasillo aparece una mamá con dos niños; la miran; se da vuelta y sigue caminando en sentido opuesto.Finalmente llega a la caja y de nuevo las lágrimas caen. (Leer más)
Gracias a Dios por el computador:si no, esta hoja estaría llena de borrones con este devaneo entre el Querido Marcial y el Estimado Marcial.Aunque si supiera que esta carta no la va a leer nadie (ni siquiera tú) empezaría con un Recordado Marcial.Sí, porque aunque han sido más de 15 años, lo cierto es que al menos una vez a la semana pienso en ti:alguna canción, un olor, una pasada por nuestras calles, además, claro, de los sueños? sueños que me acompañan desde que nos conocimos.
Marcial, ¿tú te acuerdas cuando nos conocimos?Terminaba el invierno (época ideal del año para mí, que amo los días grises y el viento fresco), empezaba un nuevo semestre en la universidad y tú eras ayudante de Dibujo II:éramos profesor y alumna.El primer día, llegaste con un gamulán (de última moda en esa época) y una mochila algo pequeña en la espalda.Te sonreías todo el tiempo, no sé si por nervioso o por caer simpático.Más bien bajo, realmente no había nada en tus rasgos que te hiciera especial? y aunque eras la antitesis del tipo de hombre que yo prefería, para mí simplemente fue amor a primera vista.
(Como hoy día, cuando nos encontramos, 16 años después:tu algo canoso y medio pelado, de corbata y yo casada con cinco niños.Sé que hablaste todo el rato, no sé mucho qué decías, porque para mí de nuevo fue enamorarme.Debo confesarte que mientras escribo siento mucha vergüenza, me llego a poner roja y si no fuera por la copa de vino que me acompaña y me envalentona, sería incapaz de seguir urdiendo palabras).
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